El ciberespacio se ha consolidado como uno de los principales escenarios de competencia estratégica entre Estados. En este ámbito, las operaciones digitales permiten proyectar poder, generar presión política, recolectar inteligencia y producir efectos disruptivos sin necesidad de recurrir a confrontaciones militares directas. En el sistema internacional contemporáneo, actores como Rusia, China, Corea del Norte e Irán han desarrollado capacidades cibernéticas que, aunque diferentes en escala y sofisticación, forman parte de sus instrumentos de política exterior y seguridad.

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